Superratones
En cuanto él cerró la boca, los demás levantaron la vista del suelo y no sonrieron ni dijeron nada. Poco a poco, se levantaron y muy despacio se fueron sacando los abrigos oscuros que engullían la enclenque luz amarilla que trataba de llenar aquella cocina. Ya estaba dicho, y no había manera de darse vuelta atrás. Se quedaron en camiseta y dando una idea de cómo habían ido los días hata entonces. Codos enrojecidos y pelados, antebrazos cubiertos de venas duras como el cuero y amontonadas una sobre otra. Torsos amenazantes como jaulas de vísceras que formaban desfiladeros de piel hundida y amarillenta. Una escalera dorsal que resbalaba hasta los cráneos pelados y limpios.
Una escena propia de un campo de prisioneros. Pero no duraría mucho. Acababan de fugarse.
--"¿Y ahora qué?" Preguntó el chico que amaba a los animales enjaulados en parques naturales.
Se le había escapado. No quería dar la impresión de que se encontraban allí para cumplir una tarea o ejecutar un trabajo. No estaban allí de vacaciones ni para desestresarse, ni muchísimo menos para dar una lección al mundo.
Estaban allí porque eran animales. Perros por la calle. Mulas por momentos. Ratones de laboratorio la mayoría del tiempo. Como eran bípedos sin plumas, su nombre correcto era "Esclavos". Eran esclavos que no querían seguir siéndolo. Eran unos cobardes que un día torcieron por el camino menos esperado.
Cualquiera con un poco de alma te dirá que tu humanidad se mide por el trato que das a los animales. Que es en tu relación con ellos cuando se ven sobre el terreno lo tan evolucionado que eres y cuanto te mereces la cúspide de la pirámide. Pero si por desgracia te has convertido en unon de ellos, porque otros te han invitado a ello, te han hecho reflexionar y meditar sobre tu futuro y lo larga que puede ser tu vida y lo poco que tienes para protegerla. Si te parece que es una fuerza implacable la que retumba en tu cabeza y la acepotas como misterio, puede que hayas comenzado a ser un esclavo.
Ellos lo eran. Hasta que ya no quisieron más.
Después está desengancharse, claro. Volver a ser un humano. No ser más un esclavo.
Pero come. Cuesta. Duele. Magulla. Llora. Ríe. Alegra. Suda. Encabrona.
Para convertir a una raza de esclavos en una de amos hay que ser un cabrón.
Y aquí comienza todo.
