La Coctelera

LE DIQUE

DESCONFÍA DE LA EXTREMA DELGADEZ DE LOS QUE PIENSAN DEMASIADO

19 Agosto 2009

CAro DAta VERmibus*

Seguimos con la resurrección. No es un tema del que nos podamos desprender como si fueran las mejores horas del día. Las mañanas despejadas, el frío del sol naciente, las corrientes de aire que recorren las calles y silban entre los huesos blandos. El picor en los ojos por la luz demasiado clara. Si vuelves a caminar nada de lo que he dicho será importante. Bueno, por lo menos, no tan importante como para dejarte solo. No. Si vuelves a caminar, lo más imprtante es que habrás aprendido un idioma, que cruzarás la calle sin mirar, que la dirección de un citroen se acaba de partir mientras el conductor se encendía un cigarro. Lo importante es que no estabas solo cuando una bujía humeante se te alojó con fuerza al lado del corazón, y seguías respirando.

A pesar de que no te lo merecías.

O eso creías tú.

Y comienza un nuevo día. Deshacerse de las sábanas de algodón color burdeos que se te enrollan por las piernas, escuchar el café que burbujea mientras el sabor a fresas secas del elixir bucal se agita  con fuerza en el pozo de entrada hacia tu alma y se cuela entre los dientes. Miras sin ser capaz de creer que es cierto que tienes el dibujo de un cráter rosa y blanco y amarillo y tan fino y tan suave que casi puedes ver como bombea el corazón.

Han pasado meses ya. Y sigues ahí.

La noche te sorprende y ahora sobre tu corazón ya hay una importante montaña de carne.

Y las páginas de ladrillo se arrugan como un animal herido. Y los pasos que son letras están encorvadas y abrazadas en una canción violenta. Te late el corazón como si silbase ferviente al tocar aire y tus horas pasan como la última frase de una cabeza cortada. Tienes la eternidad para arrancarte a puñetazos, para hundirte más los clavos que son pupilas para ti, o para arrancarte las orejas. Para hacer capítulos de tu carne y estudiar cada víscera por sí misma. Pero ya no. Has resucitado y nadie pide sacrificio. Estás fuera de camino ancho y del angosto sendero.

No te queda más que tiempo.

No morirás jamás.

No hay carne para gusanos.

*carne dada a gusanos

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Sobre mí

"(...)los que se han despertado son la pesadilla de aquellos que todavía duermen". -- De un grupo de gente que comenzó a construír su casa, buscar a sus antepasado y a hablar su lengua. Todo para aprender a amar de nuevo--.

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