La Coctelera

LE DIQUE

DESCONFÍA DE LA EXTREMA DELGADEZ DE LOS QUE PIENSAN DEMASIADO

4 Agosto 2009

LAS SUELAS EN LA PARED

No es lo mismo, pero hay algo mágico en volver que lo equipara a resucitar. Sí, lo digo: no es lo mismo. La resurreción, cómo explicarlo, lo envuelve todo. Por la vuelta a la vida, cualquier lazo pasado se estira para sobrevivir, para ser transparente, o pálido, ante la náusea del regreso de ultratumba. Nada volverá a ser como antes porque hemos resucitado. La ley que nos envolvía se vuelve banal, secundaria, apacible como un cordero al lado de la fuerza descomunal de los brazos de un niño vuelto a la vida. Su carne se pudría, era apestosa. Por su cabeza antes rebotaba el silencio y en la soledad disolvió cualquier límite anterior.

Hasta la resurreción.

Al volver a jugar, al volver a la vida que aplasta a la razón, a la vigilancia, a la penitencia y al castigo nos encontramos donde ayer pero con una diferencia. Lo que a nuestros ojos y manos era sólido, firme y templado es ahora viscoso y frío. Los límites del grupo, de repente, vuelan por los aires, incapaces de contener el peso blando y húmedo y ovalado de una vida que, antes mera y desnutrida, engulle con prisa todo aquello que es como ella e ignora lo que no suena como su naturaleza.

Y como si nada hubiese pasado, en el límite, digo templado, digo sólido, digo firme, alberga en sí mismo un pequeño mar vivo, helado y ciego apenas consciente de esa caja de pino que impide que salte y brote y se expanda hasta que ya no quede nada de sí y todo sea ella y ella no sea nada como había sido hasta entonces.

Es extraño resucitar, no pueden negarlo. Se trata, exactamente, de volver tal y como lo habíamos dejado. Con uno o un par de ojos, con veinte uñas o así. Con cabeza o sin ella. Nadie podría tomar en serio la resurreción como metáfora, como elevación espirítual hacia el mundo de las ideas donde caballo y silla aparecerían recompuestas en forma mucho más perfecta que en siete o cinco letras.

Nada de eso ¡Menuda estafa!

En sentido estricto y literal, con la fuerza de las fuentes y el placer de la carne hemos vuelto. Para hacer la guerra hasta cansarnos, a golpes entre hermanos y por la furia individual estamos aquí cantando y corriendo a gritos  por los pasillos del cementerio. Ha sido por no estar muertos que pateamos los muros del camposanto y todas nuestras huellas en la paredes encaladas son ahora las palabras y las páginas de nuestro evangelio. Pueden romperse, deben romperse porque nuestra masa mojada, presente e inmediata, borra cuelquier rastro de ayer y mañana. Escupe sobre la urgencia y desborda la paz de los cementerios. Y lo asedia en sus pasos y en sus carcajadas. A Él, un dique enredado y espinoso que recoge las aguas del mar y en depósitos pone los abismos.

Y ahora, los vivos nos sumergimos.

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Sobre mí

"(...)los que se han despertado son la pesadilla de aquellos que todavía duermen". -- De un grupo de gente que comenzó a construír su casa, buscar a sus antepasado y a hablar su lengua. Todo para aprender a amar de nuevo--.

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